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Guía

Acero 18/8, 304 y 201: qué compras según lo que pone la etiqueta

Qué significan esos números, cuánto cromo y níquel lleva cada uno, por qué el 201 se pica antes con lo ácido y cómo distinguirlos cuando la ficha no lo dice.

En la ficha de una botella térmica el acero se nombra de cinco formas distintas: «18/8», «304», «SUS304», «acero inoxidable de calidad alimentaria» y, muchas veces, nada. Las dos primeras son la misma cosa. La cuarta no dice nada. Y donde no pone nada, casi siempre hay un 201.

Esto es lo que hay detrás de cada número.

Qué significan los números

18/8 es lenguaje de menaje, no de norma: quiere decir 18 % de cromo y 8 % de níquel, aproximadamente. Corresponde al AISI 304, que es la designación americana, y en Europa al 1.4301. Cuando una ficha pone «18/8» y otra pone «304», están diciendo lo mismo con dos idiomas.

18/10 aparece sobre todo en cubertería. No es otro acero: es el mismo 304 con el níquel en la parte alta de su rango. Nadie fabrica un lote «18/10» distinto del 304.

316 (en Europa, 1.4401) es el 304 más molibdeno. El molibdeno es lo que le da la resistencia a los cloruros que lo hace útil en ambiente marino y en industria química. En una botella es más acero del necesario, y se nota en el precio.

201 es la serie 200, cromo-manganeso. Nació en los años cincuenta cuando el níquel escaseaba, y vuelve a la carga cada vez que el níquel sube de precio. Es un acero legítimo y normalizado, con sus aplicaciones. Para contener bebida ácida durante horas no es la mejor de ellas.

Una nota práctica: «SUS» es el prefijo japonés (JIS). SUS304 es 304. Pero también existe SUS201. Lo que informa es el número, no las letras de delante.

La composición, lado a lado

AISI 201AISI 304 (18/8)AISI 316
Norma europea1.43721.43011.4401
Cromo16-18 %17,5-19,5 %16,5-18,5 %
Níquel3,5-5,5 %8-10,5 %10-13 %
Manganeso5,5-7,5 %hasta 2 %hasta 2 %
Carbono (máx.)0,15 %0,07 %0,07 %
Molibdeno2-2,5 %

Son los rangos que admiten las normas, no el análisis de un lote concreto. Dos aceros «304» de dos fábricas pueden estar en extremos opuestos del rango y los dos ser 304.

Qué hace cada elemento

Leer la tabla sin saber qué aporta cada metal no sirve de mucho. Son cuatro papeles:

  • El cromo es lo «inoxidable». En contacto con el oxígeno forma sobre la superficie una capa de óxido de cromo de unos pocos nanómetros —la capa pasiva— que es la que aísla el hierro de debajo. Por debajo de un 10,5 % de cromo, un acero deja de ser inoxidable. Los tres de la tabla van muy por encima.
  • El níquel estabiliza la estructura austenítica del acero y, sobre todo, hace que esa capa pasiva se vuelva a formar deprisa cuando algo la rompe. Es, con diferencia, el elemento más caro de la aleación.
  • El manganeso es lo que el 201 pone en lugar del níquel. Para mantener la estructura funciona; para reparar la capa pasiva, mucho menos. Además se combina con el azufre residual y forma inclusiones de sulfuro de manganeso, que son puntos débiles repartidos por el material.
  • El carbono conviene bajo. Al soldar, si hay carbono de sobra, precipitan carburos de cromo en los bordes de grano y esa franja se queda sin cromo disponible: es la sensibilización. El 201 admite el doble de carbono máximo que el 304, y el cuerpo de una botella térmica lleva soldadura.

Por qué el 201 se pica antes con lo ácido

La corrosión que le pasa a una botella no es herrumbre general: es corrosión por picadura. Los cloruros y la acidez rompen la capa pasiva en un punto concreto. Si el acero la regenera ahí mismo, no ha pasado nada. Si no la regenera, ese punto se hace más profundo y se convierte en un pozo microscópico.

El índice que se usa para comparar resistencia a la picadura —el PREN, que suma cromo, molibdeno y nitrógeno— deja al 201 y al 304 bastante cerca sobre el papel. En servicio no lo están, y la diferencia la ponen dos cosas que ese índice no mide: las inclusiones de sulfuro de manganeso, que son exactamente los puntos por donde arranca la picadura, y la velocidad de repasivación, que depende del níquel. Menos níquel, capa que tarda más en cerrarse, más tiempo con el metal expuesto.

Traducido a una botella: donde primero aparece es en el fondo y en la línea de soldadura, porque el poso se queda ahí y porque la soldadura es la zona con el material más castigado. Y lo que lo dispara es tener horas dentro zumo, refresco de cola, café, agua con limón o una bebida isotónica —que además de ácida lleva sales.

El agua del grifo sola, vaciada y aclarada a diario, no pica una botella de 201 en años. El problema aparece con lo ácido y con el tiempo de contacto. Vaciarla y aclararla el mismo día es la medida más barata que existe; el resto está en la guía de limpieza.

Cómo distinguirlos cuando la etiqueta no lo dice

Primero, las dos pruebas que circulan por internet y no funcionan.

  • El imán. No sirve. Los dos aceros son austeníticos y prácticamente no magnéticos en estado recocido, pero los dos se vuelven algo magnéticos al deformarlos en frío, que es exactamente como se embute el cuerpo de una botella. Un imán que se pega no acusa a nadie.
  • El peso. Tampoco. La densidad de los dos ronda los 7,8-7,9 g/cm³. La diferencia entre dos botellas del mismo tamaño la marca el espesor de la chapa, no el grado.

Y ahora lo que sí ayuda, de más a menos fiable:

  • Preguntarlo por escrito. Un fabricante que usa 304 lo contesta en una línea, porque le ha costado dinero. Una respuesta que repite «calidad alimentaria» sin dar el grado ya es una respuesta.
  • Pedir el informe de migración. Los materiales en contacto con alimentos se rigen en la UE por el Reglamento (CE) 1935/2004, y quien fabrica en serio tiene ensayos de migración de metales hechos. Quien no los tiene, no los enseña.
  • El precio. Como orden de magnitud, el níquel hace que el 304 salga de un 20 a un 30 % más caro de materia prima que el 201. Si el cuerpo es 304, con vacío y marca europea, y la botella cuesta nueve euros, alguna de las tres cosas no es cierta.
  • La coletilla. Desconfía de «acero 18/8» seguido de una aclaración pequeña del tipo «en la parte interior». A veces significa que la pared exterior es otra cosa.
  • La prueba del limón, si ya tienes la botella. Deja dentro agua con zumo de limón o un chorro de vinagre veinticuatro horas, vacía, aclara, seca y alumbra el fondo con la linterna del móvil. Puntos oscuros que no salen frotando, o una película mate donde antes había brillo, indican que ese acero no lleva bien lo ácido. Es un indicio doméstico, no un ensayo.

Qué pasa cuando una botella se pica por dentro

El orden en que se nota es siempre el mismo.

  • Primero el sabor. Metálico, con un punto amargo, y peor cuanto más tiempo lleve el agua dentro. Es el mismo mecanismo que explicamos en por qué el agua sabe a metal, pero acelerado.
  • Después las manchas. Puntos oscuros en el fondo o a lo largo de la soldadura que no salen con bicarbonato ni con cepillo.
  • Y luego el olor que no se va. Una picadura es pérdida de material: un hueco. Ahí dentro se queda el residuo y no llega ninguna cerda de ningún cepillo.

Lo importante: no tiene arreglo. No se pule, no se rellena, no se repasiva en casa. Una botella picada por dentro es una botella terminada, y por eso el grado del acero, que parece un detalle de ficha técnica, acaba decidiendo cuántos años dura.

Sobre la salud, sin dramatizar: lo que se libera son trazas, y el problema real es de sabor y de vida útil, no de toxicidad. Dato curioso en contra del tópico: el 304 lleva más níquel que el 201, no menos. Lo que evita el asunto entero no es elegir el acero con menos níquel, es que el acero no llegue a tocar la bebida.

Qué usamos nosotros

Acero 18/8 de doble pared con cámara de vacío. Y por dentro, sobre ese acero, cerámica vitrificada cocida: Capa Cero. La cerámica es lo único que toca la bebida, así que el debate del grado deja de decidir el sabor. El papel que sí juega el 18/8 en una Theramic está contado entero en la página del material.

Aun así el grado importa, y por eso lo declaramos: el acero es la estructura, el que soporta el vacío y el que se lleva los golpes. Si se pica por fuera o cede en la soldadura, el interior da igual. Lo que cubre nuestra garantía incluye precisamente esos tres fallos.

Si estás comparando botellas y quieres el resto de criterios —el vacío, el tapón, la boca, el peso—, están en las 7 cosas que sí importan. Y las nuestras, en dos tamaños y cinco acabados, en el catálogo.

Por qué en la nuestra el acero no llega a tocar la bebida.

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